Actuación

El sirrema

By 20 junio 2014 2 Comments

Hablemos hoy del sirrema, tal como lo define Antonio Quilis [1] y como lo estudiamos habitualmente en nuestras clases. Sin entrar en los conceptos de fonología que se relacionan directamente con éste (y que iremos refiriendo en capítulos posteriores), que son propios de la teoría de la entonación, vamos a describir muy someramente qué se entiende por sirrema y de qué manera podemos aplicar ese concepto a nuestro trabajo como actores.

En primer lugar, decir que el concepto de sirrema me interesa especialmente porque pertenece al ámbito de la fonología, esto es, a la observación de la lengua tal y como se habla. Es decir, parte de la observación del idioma vivo, y no de las reglas que lo rigen a priori (como la gramática o la ortografía). En segundo lugar, que el sirrema se refiere a cómo agrupamos los hablantes las palabras dentro de una frase. A menudo, creo, nos fijamos en arcos excesivamente amplios, como la entonación de la frase (líneas melódicas, expresemas, cadencias y anti-cadencias) o excesivamente pequeños (como el significado o el sonido de las palabras). Siendo ese trabajo importantísimo también, me gusta empezar por el sirrema como medida intermedia. Y sobretodo porque me permite renovar la atención en el aquí y ahora, siendo que entre sirrema y sirrema se produce, o en todo caso, puede producirse, una pausa respiratoria.

Vamos pues a la definición de Quilis, que todos conocéis:

“Recibe el nombre de sirrema la agrupación de dos o más palabras que constituyen unidad gramatical perfecta, unidad tonal, unidad de sentido, y que además forman la unidad sintáctica intermedia entre la palabra y la frase.”

Observando pues, cómo los hablantes del español agrupan las palabras dentro de una frase, se observa que no suelen hacer pausas o si las hacen (por obligada interrupción, por ejemplo, por un estornudo o un carraspeo) vuelven a retomar en un lugar preciso para no sacrificar la comprensión de esa parte. Esos estudios me parecen especialmente interesantes para nosotros, ya que como actores necesitamos recuperar el sentido común de los hablantes del idioma que no parten, como nosotros (salvo en el trabajo de creación) de textos escritos. ¿Y cuáles son esas agrupaciones? Pues son en concreto nueve, y volviendo a Quilis las enumero:

1. El artículo y el sustantivo
2. El pronombre átono y el elemento que en la cadena hablada le sigue o al que se une
3. El adjetivo y el sustantivo, o viceversa
4. El sustantivo y el complemento determinativo
5. Los tiempos compuestos de los verbos
6. Los elementos constitutivos de perífrasis o frases verbales
7. El adverbio y su verbo, adjetivo o adverbio
8. La conjunción y la parte del discurso que introduce
9. La preposición con su término

En base a esta lista quiero hacer algunas observaciones. En primer lugar, que suele integrarse al punto 1 el nombre propio que funciona de manera análoga dentro de la frase, y que no puede llamarse sirrema por ser una sola palabra, pero que se separaría del resto de elementos de la frase de la misma manera.

Ejemplo:
El niño / corre. [2] Barcelona / amanece.

En segundo lugar, que lo que sigue al pronombre átono “que” lo solemos decir en una sola emisión de voz, por larga que sea la cadena que le siga.

Ejemplo:
Me dijo / que de ninguna de las maneras lo iba a aceptar.
Le pidió / que se comiera toda la sopa.

Que, respecto del punto 6, igual que en las perífrasis verbales, no haremos pausas en medio de una frase hecha.

Ejemplo:
Julián / ya no es el que era.

Y por último, que vamos a entender por conjunciones tanto éstas como, a efectos de nuestro trabajo, las locuciones conjuntivas. Así pues, uniremos en la misma emisión de voz tanto lo que siga a que, como, y, o, e, aunque, ni, mas, pero, si, sino, ya, sea, bien , luego , pues , así , apenas , cuando , mientras , porque, como lo que siga a: o sea, a fin de que, a no ser que, a pesar de que, así que, o bien, una vez que, dado que, es decir, según que, por más que, con tal de, con tal que, puesto que, ya que, tan pronto como, tanto como, es decir que, etc.

Hemos enunciado las agrupaciones de palabras que forman sirrema en el castellano. Mi experiencia es que el mismo esquema es aplicable al catalán.

Os propongo que, sin darle muchas más vueltas, cojáis un texto, dramático o no, y lo separéis intuitivamente en partes más pequeñas que la frase. Confía en que también tú eres hablante de tu idioma y que, por tanto, hay mucho de todo esto que ya sabes. Y si, por el contrario, te aproximas con este sistema al castellano o al catalán desde una lengua extranjera, te propongo que uses la lista anterior y observes si esa separación en partes más pequeñas que la frase puede ayudarte a comprender mejor el significado del texto.

En la mayoría de los casos, en la actuación, debemos hablar las palabras como si fueran propias. Creo que este trabajo nos ayuda también a apropiárnoslas más profundamente.

Sin haber estudiado en profundidad la fonología de otras lenguas como el inglés, el francés, el portugués o el italiano, esa misma clasificación puede ayudarte cuanto menos a comprender textos en esas lenguas de un modo más conectado, ya que invita a observar medidas asequibles, entrena a percibir las partes y a conectarlas de distintas formas. Sin conocer las normas de elocución de otras lenguas, y por tanto sus curvas melódicas, sus ritmos, etc. podemos al menos comprender mejor el contenido de una separata o de un guion si empezamos de este modo. Luego, las curvas melódicas propias de la entonación del idioma responderán curiosamente a agrupaciones de esas secciones, así que no habrás trabajado en balde. En alemán, incluso, puedes ver como algunos sirremas del castellano se convierten en palabras y se pronuncian también, por tanto, de una sola tacada (Ej: kindergarten).

Otra apreciación importante es que estamos hablando de la estructura subyacente del lenguaje, y por tanto, cuya entonación no ha sido ordenada aún por otras estructuras más visibles como la puntuación o, más allá, el verso, por ejemplo. Trabajar los sirremas nos ayuda también a percibir de un modo más consciente lo que cada una de las estructuras más visibles aporta a la elocución del texto. Sirremas, puntuación, verso o prosa, la réplica dramática misma (porque, a veces, una sola frase la comparten distintos personajes), se integrarán, dialogando entre sí, añadiendo las estructuras más visibles a las que lo son menos, sin anularlas. Volveremos sobre esta idea cuando hayamos estudiado esos elementos.

Pero volviendo a la definición de sirrema, dice Quilis, que “las palabras que constituyen un sirrema permanecen siempre íntimamente unidas, no permitiendo una pausa en su interior.” Es decir, que si necesitamos hacer una pausa respiratoria durante el habla, procuraremos siempre realizarla entre sirremas, sin romperlos, para no sacrificar la comprensión del mensaje. A menudo, los énfasis excesivos (por “estilo”, o simplemente por desconocimiento) o las vicisitudes a las que nos enfrentamos como actores mientras hablamos en escena (con secuencias de acción muy exigentes físicamente, múltiples centros de atención, o simplemente, los nervios, o la ocasional desconexión del momento presente) nos hacen perder esa valiosa intuición que tienen los hablantes de una lengua cuando la usan, y que nos alejan por tanto del idioma, como también, inconsciente y desgraciadamente, del espectador.

Cuando un amigo me dice “no me gusta el teatro”, pero no dice “no me gusta el cine” siempre creo que se refiere un poquito al menos a cómo se habla el teatro. Puede que me equivoque. Y no sólo porque hay mucho teatro que no habla el lenguaje de la calle, (además, eso es cada vez menos cierto) sino porque, a veces, el intérprete añade una distancia extra al lenguaje por el hecho de que sea elevado. Mediante un sencillo trabajo sobre los sirremas, la puntuación y el verso, creo que podemos mantenernos alineados con las exigencias de cada estructura sin añadirle florituras. Al contrario, creo que las estructuras son herramientas para mantenernos conectados con el texto en el aquí y ahora y, por la experiencia con mis alumnos, el habla en el teatro se naturaliza, se mantiene sencilla, justa, sin perder los niveles de expresión propios de cada texto.

Para ello, en primer lugar, debo saber dónde puedo respirar sin que la mayoría de los hablantes de la lengua compartida (en nuestro caso, los espectadores) dejen de comprender lo que digo. No hay coreografía, ni acción, ni puntuación, ni metro que deban sacrificar la comprensión. Y sin embargo, cómo no, podemos jugar con los límites conscientemente, y poner la comprensión en riesgo. Si eso es lo que proponemos, espléndido; pero en todo caso, creo que no debemos dejar ese elemento en manos del azar.

Además de la respiración puramente fisiológica, está la conexión entre el pensamiento o la imaginación y la voz. Es muy difícil renovar un pensamiento sin mediar respiración. Pruébalo y nota la diferencia. A su vez, para comprender lo que alguien nos dice, es fundamental respirar con fluidez mientras habla. Date cuenta. Así pues, separar el texto en sirremas me permite, antes que nada, contemplar un mapa de lugares dónde respirar, y por tanto, renovar mi atención, dejar fluir mi imaginación, articular el pensamiento y finalmente la acción. Puedo ver más claramente también cómo puedo integrar estructuras lúdicas como secuencias de movimientos, de acciones, musicales u otras. ¿Por qué? Pues porque cualquier secuencia musical, física, etc. va a estar también regida por un ritmo respiratorio. Todo lo que seas capaz de integrar respirando fluidamente va a poder jugar como partner.

Y por último, y muy importante, es notar que trazar ese mapa no me impide volver en cualquier momento a dibujar arcos más amplios, mirar el texto como un todo o percibirlo con mayor perspectiva para identificar grandes líneas que lo atraviesan o sumergirme en el fonema en el sonido o la forma de la palabra, en su situación en el cuerpo, etc. ya que todo ello tiene su reflejo, sin anularlo, en esos pequeños grupos de palabras.

Trata de leer el texto en voz alta sirrema a sirrema, antes de pasar a trabajar la puntuación. Renueva tu atención en cada uno de ellos, de momento, sin buscar todavía esos arcos más amplios. Si quieres lanzarte a un texto sin puntuación para explorar este concepto antes de atacar el texto dramático que tengas entre manos, te recomiendo el último capítulo del Ulises de James Joyce. Otra magnífica novela bien parca en puntuación es El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez. Observa cuánto del idioma se sostiene por sí mismo. Y comprueba cuán capaz eres de comprender de un modo más abierto, menos unívoco.


[1] A. Quilis y J.A. Fernández, Curso de Fonética y Fonología Españolas, C.S.I.C., Madrid, 1979
[2] En todo este artículo la / marcará la separación entre sirremas que permite pues, una respiración.

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