La puntuación

teclado

Hemos hablado de cómo llevar a los pies, al cuerpo, las palabras de un texto. Vamos a dar un paso más en ese trabajo, analizando el sentido de los signos de puntuación.

La puntuación se sitúa, en cuanto a visibilidad, por encima del sirrema y, de cara a la palabra dicha, ordena el texto y lo “mueve”, respetando la estructura subyacente del lenguaje. La separación en sirremas de un texto no es visible al lector; la puntuación, sin embargo, sí lo es. Más adelante completaremos esta idea. Quedémonos ahora con que las estructuras más visibles, mandarán sobre las que lo son menos, sin dejar de respetar su integridad. En el nivel inferior estarán fonemas, palabras y sirremas; por encima de ese nivel, estará la puntuación; y por encima de ese, en un nivel más visible todavía (el verso, o cualquier forma más externa que sea posible sobreponer a las anteriores).

En primer lugar, hablaremos uno a uno de los signos de puntuación stricto sensu (ya que en las dramatúrgias contemporáneas podemos encontrar otros signos que afectan al texto en este mismo nivel –entre el sirrema y el verso). Me referiré, pues, en este artículo a:

, ; . ¿? ¡! () – “” …

Vamos a empezar por la coma. Podemos distinguir, de manera general, dos tipos de comas: las que separan los elementos de una enumeración o secuencia y las que sirven para hacer una aclaración, asimilables completamente al paréntesis o a los guiones.
Me referiré, a continuación, a las primeras. Vamos a explorar qué movimiento le imprime al orden de los sirremas, de las palabras de un texto, su separación mediante comas.

Toma cualquier frase en la cual identifiques una enumeración y camínala.

Rápido, los bártulos, cuatro trapos, jabón.[1]
En esta enumeración vemos que las comas separan palabras y sirremas, propiamente dichos (recordad la diferencia que establecimos). En cualquier caso, los elementos de la enumeración quedan separados por comas. En este caso, las comas respetan la frontera de sirrema (veremos más adelante que eso no es siempre así). Mueve ahora esa frase tal como lo hacíamos en el capítulo anterior, avanzando en línea recta, hacia un punto del espacio (el interlocutor). Observa si el discurso se para o si simplemente necesitas “mover” ese “avanzar hacia adelante” en algún sentido. Explora qué gesto, qué movimiento dentro de tu caminar, expresa mejor el sentido que imprime la coma en esa frase. Fíjate en la propia grafía de la coma. Se sitúa en la parte baja del texto, a ras de suelo, y además dibuja un quiebro. Profundiza en el gesto que va surgiendo y llévalo a los pies. No dejes que sea un gesto periférico (sólo de la cara, o de las manos, o de los brazos), permite que implique todo el cuerpo. El sentido de ello, es que el movimiento sea lo más claro y esquemático posible, preciso y sencillo, para poder usarlo cómodamente y ayudarnos verdaderamente a leer sobre los pies. Posiblemente hayas llegado a un movimiento que tenga que ver con un cambio de dirección avanzando hacia adelante, hasta el final de la frase. Te propongo que hagas los cambios de dirección tomando ángulos rectos, simplemente para acentuarlos al máximo, hacerlos más claros y sistemáticos. Pruébalo.

Observa ahora, de un modo más preciso, dónde se produce exactamente ese cambio de dirección mientras hablas. ¿En qué sílaba? ¿En qué vocal? Para que los elementos de una enumeración se “ordenen”, se “muevan” verdaderamente, uno anuncia a otro. Lunes, martes, miércoles, jueves… Uno, dos, tres… Mi casa, el pequeño jardín, la vista del mar desde mi ventana… ¿En qué sílaba, en qué vocal “notas” la coma? Esa vocal tónica previa al signo gráfico de puntuación se llama tonema. En este caso, el tonema de la coma, es la última vocal tónica previa a ella. Así pues, el movimiento del texto hablado no coincide exactamente con el del texto escrito. La coma aparece ya en la vocal tónica anterior a la coma, no espera a terminar la palabra (el autor ha dejado el texto sobre papel y no puede hacer más que poner la coma al final, para permitir la lectura de la palabra entera, simplemente). Esto que parece una obviedad empieza a abrir el territorio que queremos explorar: el texto escrito y el texto sobre los pies no coinciden exactamente. Debemos trasladar, transportar, los signos del lenguaje escrito al lenguaje del cuerpo y al habla.

Cuando improvisamos o cuando hablamos con nuestras propias palabras, puntuamos en tiempo real; el movimiento de nuestro discurso (consciente e inconsciente) se traslada al aquí y ahora, directamente. Como actores, tenemos que apropiarnos unas palabras que no son nuestras. A menudo, además, sólo concocemos al autor por lo que nos ha dejado escrito sobre el papel y tenemos, necesariamente, que rehacer el camino de la manera más precisa posible.

Esta exploración sirve a ese fin, quizás a la quimera, de interpretar correctamente, por lo menos las señales más codificadas. De momento, ni siquiera las palabras y su significado, los sentimientos o los sobrentendidos –a esa exploración también nos lanzaremos a través del cuerpo; sino tan sólo la propia la estructura del lenguaje, la puntuación y el verso.

Así pues, cambiamos de dirección en ángulo recto en el momento en que pronunciamos la última sílaba tónica antes de la coma, y la coma, hablada “se produce”. Imprime un movimiento específico al discurso. Lo modifica.

Vamos al signo de puntuación por antonomasia. El que sirve para dejar las cosas acabadas. Dichas. El que indica que hemos terminado de enunciar un pensamiento completo. El punto. Explora una frase cualquiera. Por ejemplo:

Dicen que me parezco a ti.

Haz el mismo proceso. Explora qué puedes hacer con el cuerpo, asumiendo que caminamos hacia adelante hasta terminar la frase, cuando llega el punto. El caminar también es una simplificación, sí. Lo uso para tratar de aislar el movimiento que imprimen los signos de puntuación tal como lo he visto hacer a mis maestros, compañeros y alumnos [2], pero dejando a la vez un espacio para que renueves tu atención sobre ellos y los redescubras. Si no, tal vez dejararán de servirnos, esos movimientos, para conocer, y se convertirán en un sobrentendido más. Para hacerlo, miro el punto y lo veo al final del texto, parado, en el suelo. Su redondez, su consición me sugieren recoger el movimiento en la quietud. Quién sabe si mirado con microscopio no se parecería más a una espiral. Pero quiere parar, definitivamente, o sólo para dar espacio a un pensamiento nuevo. Busca algo que exprese eso. A lo largo de los años, mis alumnos y yo misma, nos hemos agachado, sentado e incluso tumbado en el suelo. A mí, personalmente, me gusta oír el tonema cuando me tumbo por completo. Haz coincidir, en todo caso, la caída del cuerpo con la vocal tónica previa antes del punto y observa.

Y ahora, entre los dos -el punto y la coma- está, literalmente, el punto y coma. Ese signo separa elementos previamente separados entre sí por comas, o no; y enuncia, a su vez, una parte de la frase, un pensamiento prácticamente acabado, completo. Veamos un ejemplo:

Tienen los dientes hacia delante; se deben chupar el dedo hasta más tarde que los demás.

O esta otra:

El pasará sus dedos sobre la suya, bajo el vientre, y no podrá evitar comparar la lanilla del vientre de Eileen con la que él vende; tendrá vergüenza y sonreirá de poder guardar su vergüenza para él, secreta.

Busca un movimiento que sea consistente con los que encontraste para expresar, para contener el punto y la coma. Explóralo y hazlo cada vez más simple, más definido. Recuerda que repetirlo debe ser muy sencillo para que cumpla su función. Bueno. Nosotros solemos agacharnos a la vez que cambiamos de dirección. Todavía me sorprende lo bien que suena el punto y coma al hacer eso. Sin esfuerzo alguno. Cuán preciso y sencillo es. Pero debes encontrar el movimiento por tí mismo, sólo tú sabes si cuando vas a soltar las rodillas, los tobillos, vas a soltar un poco más o menos de aire en la exhalación del tonema, etc. Caminas conectado al discurso, porque lo llevas bajo los pies, y te mueves en relación a los cambios que en la línea recta imprime la puntuación.

Bueno. Nos falta la otra coma, la de la alaración. Del tipo:

Muy pronto, habrá un techo de vidrio sobre nuestras cabezas, una especie de cúpula.

Explórala también a mitad de frase, como en:

Una mujer tiene dones, dicen, que los hombres no tienen.

Cuando hacemos una aclaración -ya sea que usamos paréntesis, guiones o comas- el discurso se para por un momento, aclaramos tal o cual cosa y retomamos donde lo habíamos dejado, para llegar hasta el final de la frase.

Explora como te paras en el tonema y cómo retomas el caminar justo en el tonema anterior a la coma, paréntesis o guión que cierra la aclaración. Este signo tiene, como véis, dos tonemas, uno de entrada y otro de salida.
También las comillas, abren y cierran. Y, en castellano, también lo hacen las interrogaciones y las exclamaciones.

Volvamos a las comillas. Hemos visto ya, de paso, que abren y cierran. Fíjate ahora en la grafía de las comillas. Nota como por vez primera se sitúan en una línea superior respecto del “suelo” del texto. Nos referimos con ellas, a palabras que dijimos en otro momento o lugar, o a palabras literales dichas por otras personas. Así pues, se trata de otro discurso, que de algún modo avanzaba hasta el final de la frase, pero en “otra carretera”. Usa un nivel distinto respecto al suelo y explora. Súbete a una silla, o a un peldaño para citar ese texto. Dilo todo desde ahí, y vuelve a donde estabas en el tonema de cierre:
Sí, he osado decir: “me llamo Eileen Shakespeare y tus zapatos te los arreglas tú”; cuando debería haber dicho: “soy la hija de mi padre, dame, ya me ocupo yo”.

Aprovecho para hablar, a continuación, de los dos puntos. Como véis, sirven para introducir una secuencia de elementos o bien, como en este caso, una cita. Busca una manera sencilla y clara de decirle al interlocutor que vas a enunciar algo a continuación, en el tonema de los dos puntos. Puedes explorar con el ejemplo anterior. Creo que esa señal tiene que ver con el impulso que pide el cambio de nivel o el inicio de la enumeración. De algún modo es como un “coger fuerzas” para decir lo que sigue. Explora levantar un poco los dos pies del suelo, llevando las rodillas hacia el pecho, sin forzar, un pequeño trote.

Vamos ahora a la interrogación. ¿Qué signfica? ¿Qué busca la indicar esta grafía? En español, el signo abre y cierra de un modo precioso, ascendente. Se abre desde el suelo y acaba a la altura de las comillas, en la zona alta del nivel del texto.[3] ¿Hacia dónde se abre? En el teatro, las preguntas suelen estar dirigidas al compañero, a uno mismo, o al espectador. Explora un movimiento que nazca abriéndose hacia él, recorra la línea del texto, caminando hacia adelante y se cierre en una zona más alta.
Suelo flexionar las rodillas al principio, caminar y extender los brazos hacia el otro en el tonema de cierre. Descubre tu movimiento. Evalúa si te modifica.

Para todos los signos que hemos expuesto, el trabajo es el mismo. Explora el movimiento que atienda con la máxima precisión al sentido del signo y nota si en el tonema tu voz, sin esfuerzo, expresa de un modo claro ese movimiento. Si hay esfuerzo en la garganta, el movimiento no es válido. Esa es la prueba de fuego, sin más.

Y por último, vamos a ver los puntos suspensivos. Me gustaría enfatizar que ni las comas ni los puntos suspensivos implican, necesariamente, una pausa. Las comas pueden separar sirremas y, tanto permitir una pausa entre cada elemento de la enumeración o aclaración, como imprimir una inflexión sin pausa cuando rompen un sirrema. Por ejemplo, en la frase: La niña, rebelde, corría. El sirrema la niña rebelde se ve modificado y la coma puede incluso modificar el sentido. Si el texto estuviera escrito sin puntuación, esa frase puede permitir distintas lecturas. Pero en todo caso, la coma no pide una pausa, porque es el sirrema el que manda. La coma modifica la estructura subyacente pero no separa el nombre de su calificativo, como vimos en capítulos anteriores. Niña y rebelde siguen, en el idioma, íntimamente unidas. Lo mismo ocurre si uso puntos seguidos o puntos y aparte. Si separan sirremas, la pausa es más difícil, casi imposible. Sólo podré retener un poco el tiempo. Si no, quizás incluso quepa un silencio.

Y vamos, ahora, a los puntos suspensivos. Éstos pueden, como las comas de aclaración, separar sirremas entre sí o bien romperlos. Pueden, incluso, romper palabras, sílabas. ¿Cuál es su sentido? A lado y lado de los puntos suspensivos hay distintos pensamientos o matices de un mismo pensamiento, que toman un nuevo derrotero. En concreto, el pensamiento situado a la derecha del signo interrumpe el anterior, que queda inacabado o completado de una forma inesperada. Explora cómo puedes expresar eso caminando. La carretera es la misma. El pensamiento interrumpido y el que toma su lugar ocupan el mismo nivel de texto. ¿Qué hacemos? A mí me gusta dar un traspié. De ese modo, puedes hacer o no, una pausa; pero no sistematizas una pausa cada vez que encuentras unos puntos suspensivos. En el teatro de Chéjov y en la mayoría de teatro contemporáneo, creo que el traspié te va a ser de gran ayuda.
Y, por último, si no hay signo que implique necesariamente una pausa, hasta ahora, tampoco hemos visto ningún signo que implique necesariamente una “emoción”. Los signos de puntuación sirven para indicar cambios de pensamiento. Sobre ellos, en principio, deberíamos poder imprimir cualquier acción, sentimiento, etc.

Y, sin embargo, nos falta la exclamación. La maestra Coralina Colom solía decir que con la exclamación el autor nos indica que, por cualquier motivo, en aquella interjección, palabra o frase, no pudo “contener” la emoción . La luz circulaba por el cable y, de pronto, saltó una chispa. Cualquier texto, sin exclamaciones, puede decirse trabajando con un cable más grueso, conteniendo toda la emoción sin soltar chispas (como suelen pedir los grandes personajes de las tragedias de Shakespeare, por ejemplo). En otros, las chispas saltan todo el rato. En algunas comedias, suelen desbordarse las situaciones afectando “exclamativamente” a los personajes. En otras, a las que llamamos “alta comedia” se les otorga un grosor de cable mayor. Cierro paréntesis.
Explora esta frase:
¡Reúnete conmigo, por Dios!

Observa la grafía de la exclamación una línea vertical ascendente para abrir y otra descendente hasta el suelo para cerrar. Explora ese movimiento. Debes estar especialmente atento para abrir la garganta y dejar que la voz fluya libre para expresar lo que sea que ocurra en el interior. Salta sobre tus pies en el tonema de salida. Escucha qué pasa. Prueba con una ¡ay! O con un ¡oh! Compáralos con ay, oh. Me gusta trabajar con el salto sobre los pies porque noto literalmente como el aire, la voz, cruzan todo el cuerpo en sentido vertical. Creo que hay algo de ese movimiento tan sencillo que traslada bien el sentido de la exclamación sin añadirle significados ni esfuerzos extra. Explora si te sirve. En las exclamaciones breves, de una sola palabra, interjección o sirrema puedes flexionar las rodillas para saltar a la entrada de la exclamación y caer en el acento de salida. Suelta el cuerpo manteniendo la verticalidad, en el acento de palabra. En el tonema. Si la exclamación es larga, como en el ejemplo anterior, da un impulso similar al que practicamos en la interrogación, flexionando las rodillas y caminando hasta el final de la frase y salta para caer sobre los pies en la últtima palabra, justo en el tonema de cierre. No añadas esfuerzo alguno durante la frase, simplemente deja que se mantenga el nivel de energía.

Pues, bien; así hemos repasado los signos de puntuación y hemos tratado de trasladar ese sistema escrito al cuerpo, para poner el texto sobre los pies. Prueba y depura los movimientos de los distintos signos de puntuación trabajando sobre un texto completo. Explora si de ese modo puedes escuchar el texto de un modo más amplio, sin esfuerzo en la garganta, ajustándote al lenguaje, los signos, pausas y silencios del texto. Antes de comenzar a explorar significados.


[1] Para los ejemplos de este artículo he usado frases de Eileen Shakespeare, de Fabrice Melquiot, en traducción de Helena Tornero.
[2] Gemma San Germán o Teresa García Valenzuela, entre otros.
[3] En catalán sólo se usan las interrogaciones y exclamaciones de inicio cuando las frases son muy largas. Aplica exactamente el mismo trabajo pues, para el signo de cierre, en ambas lenguas.

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