La respiración creativa (Una primera lectura II)

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Vimos en el capítulo anterior un ejercicio de primera lectura que me parece, personalmente, una maravillosa manera de empezar un trabajo de texto (especialmente en dramaturgias de sistemas psicológicos o mixtos) y que es compatible con el establecimiento de juegos propios de los sistemas lúdicos, visualizaciones, y por supuesto, para el análisis por la acción.

Habitualmente, sin embargo, cuando me llega un texto a las manos, los personajes ya han sido asignados y debo llegar al primer día de ensayos con el texto memorizado. Es posible que por metodología de trabajo o sencillamente porque los procesos de ensayo son cada vez más breves, se empiece a trabajar con una propuesta de escenografía o incluso con un facsímil de la misma y una idea de puesta en escena previa. ¿Qué hacer entonces? Porque la cuestión es que habitualmente, empiezo a trabajar solo y ante el papel. El resto del equipo ha iniciado ya su proceso. El ejercicio de primera lectura descrito en el artículo anterior es una buena manera de empezar a trabajar todos a la vez. Y sin embargo, para iniciar el proceso como actores, nos puede servir de referencia para tratar de encontrar un lugar de escucha y de observación del material, ecuánime y desprejuiciado.

Voy a tratar de describir a continuación cómo ordeno ese trabajo personal previo al inicio de los ensayos. Como siempre, describiré técnicas y conceptos diversos, todo lo que me ha facilitado este tan íntimo y solitario trabajo, con el deseo de, trasladándolas, dejarlas en este espacio común, de vuelta a la nube, para que se transformen y crezcan.

En primer lugar, cuando me llega un texto a las manos, trato de recoger de inmediato las impresiones que de éste percibo más directamente: su tamaño, su estilo y nivel de lenguaje, su forma sobre el papel (verso, prosa, puntuación, dimensión de las réplicas, si hay o no acotaciones, cómo se denomina a los personajes, etc.), las imágenes que describe, las asociaciones que despierta en mi imaginación, en mi cuerpo, los detalles más absurdos o insignificantes e incluso los pasajes que siento me van a resultar más difíciles de interpretar, las zonas más densas y las que fluyen más ligeras. Tomo nota de todo ello, literalmente.

En esta fase, a la que llamaré la de las “primeras impresiones”, voy a describir algunos ejercicios que podemos explorar para “reconocer” de una forma intuitiva el texto que tenemos entre manos.
El primero de ellos es “La respiración creativa” . Toma distintos textos dramáticos de distintos autores y lee sus primeras palabras. Sin pensar, sin ver antes el título ni planear cómo debe ser dicho. Simplemente respira en silencio mientras lees la primera frase, deja que el aire entre y salga libre y sin bloqueos. Deja que la primera frase te llegue hasta los pies como si entrara por tus ojos y a través de la columna descendiera, atravesándote, hasta la tierra. Háblala en voz alta. Escucha lo ocurrido una vez has hablado. Percibe qué has notado. Y a por otra. Otro texto, otro autor, otra obra.

¿Qué haces?
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Hace exactamente un año que murió nuestro padre, el cinco de mayo como hoy; el día de tu santo, Irina.
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No. No. Nada.
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¡Presente, mi capitán! ¿Manda usted algo?
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Hipogrifo violento/que corriste parejas con el viento, / ¿dónde, rayo sin llama, /pájaro sin matiz, pez sin escama, //y bruto sin instinto/natural, al confuso laberinto/de esas desnudas peñas/te desbocas, te arrastras y despeñas? (…)
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Vamos. Prueba un poco. Vamos. Tienes que comer.
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¿Qué es lo que pasa?

Nota si la primera frase te ha pedido tomar aire más de una vez o si ha entrado en ti, directa, en una sola inhalación.

Nota en qué zona del cuerpo se sitúa la réplica. Como guía, puedes distinguir tres zonas: la de la cabeza (relacionada con los pensamientos), la del corazón (relacionada con los sentimientos o las emociones), la de la pelvis/ vísceras (relacionada con las pasiones y también con la acción).
¿Qué imágenes o asociaciones inconscientes han surgido? Anótalas.

Obsérvalo. Juega con ello. De algún modo, la fase de percepción podría llamarse de “inhalación” y la de emisión de la voz de “exhalación” aunque impliquen respiraciones sucesivas. Este concepto me ayudará más adelante a describir otros niveles de trabajo.

Digamos, por ahora, que el ejercicio de “respiración creativa” tiene que ver con la inhalación.
Hay algo hay en las primeras palabras de un texto, que lo sitúan en una atmósfera, en un juego, en un espacio ficcional, en un nivel de lenguaje específico. Puedes, finalmente, tener este trabajo presente en la lectura de cualquier réplica. Convertir la lectura de las líneas de texto en una especie de meditación, por llamarlo de algún modo. Percibiendo el carácter, la medida, el peso, el sonido de las palabras. Probablemente notes que tu atención oscila, decae y vuelve a fortalecerse, pasa por todo el texto sin hacer nada más que respirar. Fluidamente. Y sin entretenerte demasiado.

Después date un tiempo, puede que incluso un día, antes de volver a él. Si te apetece, busca fotos, objetos, rememora momentos del pasado, sueña en torno al material. Lee noticias o acontecimientos relacionados de algún modo con él. Dibuja, pinta, camina. Lo que se te ocurra. Para mí, esa primera percepción del texto es fundamental. Trato de no olvidarla nunca.

Lo que describo a continuación es la sucesión de ejercicios o trabajos que realizaré hasta llegar al primer día de ensayos, aunque me limitaré a enunciarlos, ya que los iré desarrollando en artículos sucesivos. Estos serán: separar el texto en sirremas, caminar la puntuación y otras técnicas para la comprensión y la memorización; el análisis por la acción, los juegos y las visualizaciones y el entrenamiento específico, si se requiere.

Así pues, retomando dónde lo habíamos dejado, voy a leer otra vez el texto. Esta vez, separando los sirremas con un lápiz. De nuevo, la comprensión del material no va a ser más que una superposición de impresiones. Trataré de no leer otorgando un sentido más allá del sirrema, sino percibiendo el sentido de cada sirrema y el orden en que se presentan. Me parece que en esa separación primera, en las palabras y en el espacio entre ellas, está mi libertad. Concretamente en el sirrema y en el espacio entre sirremas, precisamente por el hecho de que éstos permiten pausas entre sí sin que se sacrifique la comprensión de la frase, se abre un espacio infinito para la respiración, y también para la acción, para los cambios de pensamiento y para la imaginación. Libertad de relación con el interior y con el exterior que va a ser inmensamente útil más adelante. De ese modo voy a leer, pues, el texto por segunda vez.

Y sobre esa base, voy a empezar a memorizar el sentido de las palabras del modo más intuitivo posible. Haciendo apuestas azarosas, que se mantengan lo más abiertas posible a una nueva lectura. Personalmente, creo que la manera de memorizar el texto no es nunca neutra porque ya está ahí el idioma, la estructura subyacente del lenguaje, que tiene un primer nivel de comprensión que debo respetar tanto gramatical como semánticamente.

Y después está, además, la entonación que le imprime la puntuación. La puntuación, al menos cuando está escrita con conciencia y sentido, es la forma en que el autor nos hace llegar sus cambios de pensamiento, es un código a través del cual nos transmite sus procesos internos o bien nos deja libres a los propios (porque como sabéis, a veces el autor nos da las palabras agrupadas sin puntuación, apelando a esa estructura subyacente del lenguaje). A veces, usa mayúsculas cuando quiere trascender la exclamación, porque su alma ya no puede más que gritar o porque de algún modo aquello lo remueve de la cabeza a los pies (¡!). Otras, describe con especial cuidado las pausas y los silencios. Otras, emplea el verso. Otras, nos libera de acotaciones. Sea como sea, el autor se comunica con nosotros, y como profesionales, debemos comprender primero e interpretar después.

Los que trabajáis conmigo sabéis que me encanta caminar. Caminar las palabras y hacerlas latir al ritmo de los propios pasos, movernos a lo largo del discurso a través del espacio puntuado del texto, es una buena manera de llevar al exterior el mapa en clave descrito sobre el papel. Describiré, como he anunciado, el trabajo sobre los sirremas y la puntuación en artículos aparte. Digamos solamente que en esta fase, memorizaré dejando las palabras libres de acción, todavía. Para ello, voy a tratar de decir las palabras haciendo todo tipo de cosas: primero caminar y luego lo que se me ocurra: correr, cocinar, coser, imaginando a la vez situaciones en que sería posible que esas palabras fueran dichas y a personas distintas diciéndolas. Acercándome las réplicas. Integrándolas. Diciéndolas en voz alta tal como las recuerdo, desordenadas e incluso con mis propias palabras y volviendo al texto para revisar las conexiones entre ambas “memorias”. Esas dos memorias se van a convertir, en los ensayos y después en la actuación, en las tuberías por donde circularan simultáneamente el monólogo interior, la réplica dicha, la acción, la relación con el compañero, con el espacio, con los objetos que describíamos en el primer artículo de este blog.

Y después viene el análisis por la acción. Voy a rodear con un círculo las zonas en que intuyo se encuentran el acontecimiento original y la acción principal de la pieza y sus resonancias en las réplicas de mi personaje, escena a escena.

Y si identifico alguna estructura de juego o entrenamiento específico que vaya a intervenir en el proceso y para la que se requiera una preparación concreta (acento o dialecto, cantar, bailar, tocar algún instrumento, esgrima, etc.) voy a preparar ese aspecto también en paralelo al trabajo de memorización. Sobre cómo afrontar el análisis por la acción y las estructuras de juego volveremos también.

Así trato de llegar a un primer día de ensayos. Y, sí. Una vez allí, simplemente voy a desprenderme de todo ello para atender al momento presente, a lo que surja en el aquí y ahora. En mi opinión, ese trabajo personal, el de todos los miembros de la compañía, no debe de imponerse, no debe de guiar ni de ser guiado, sino todo a la vez, como la caña de bambú. Debe funcionar como partner. Y creo que el límite de tiempo de que dispongamos en nuestros procesos de trabajo es importante pero no necesariamente determinante. Los procesos más horizontales abren muchos interrogantes, pero no son necesariamente menos sistemáticos o más lentos que los verticales o jerárquicos. Hay que poner de parte de cada uno trabajo personal y a la vez, una extraordinaria atención al momento presente en el trabajo en común. Este será el espacio de nuestra libertad.


[1] Así lo denominaba, cuando lo conocí, la profesora Coralina Colom. Aunque el recuerdo y la práctica pueden haberlo transformado

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