Actuación

Sobre la Muerte

By 21 mayo 2014 No Comments

En una entrada anterior, hemos hablado largo y tendido sobre el partner y hemos visto que observar los elementos en juego desde ese enfoque puede ayudarnos a estar presentes en el aquí y ahora, sintonizar constantemente con “la vida”, fuera de nosotros, en movimiento constante y proyectada en cualquier centro de atención. Hoy vamos a hablar de lo mismo, desde el punto de vista contrario; y a la definición negativa del partner, que tiene que ver con “la vida”, vamos a llamarla precisamente la Muerte.

La Muerte, pues, es todo aquello que nos aleja de lo vivo y que vuelve nuestra actuación torpe, previsible y fea. La Muerte, como el partner, porque son dos caras de la misma moneda, puede entenderse personificada, ya que los mil matices y comportamientos la asemejan a una persona mucho más que a un objeto inerte.

Hablemos pues, de su rostro. Así como el partner tiene infinitos rostros, ya que es cambiante por naturaleza, el rostro de la Muerte es exactamente el mismo, siempre. Y, en concreto, es exactamente mi propia cara. En particular, mi expresión más malvada y burlona. Y no cambia. Cada vez que me despisto, sorprendo a la Muerte, a mi “peor yo” riéndose a mis espaldas. A lo sumo la Muerte cambiará un poquito de expresión, pero como en una pesadilla o en un espejo de feria va a seguir siendo “yo misma” en mi peor versión. Tal es el rostro de la Muerte.

Y, ¿cómo se comporta la Muerte? Seguro que habéis observado cómo, en vuestros entrenamientos, hay alguien encargado de ir haciéndoos caminar en círculos cada vez más pequeños cuando la instrucción que queréis seguir es precisamente ocupar todo el espacio caminando en todas direcciones. O que alguien os hace deambular con la mirada baja, ignorar a los compañeros, golpear los objetos en vez de absorber su peso, tropezar o pisar el suelo haciendo un terrible ruido, o todo lo anterior a la vez. Pues bien, ese alguien es… la Muerte. La Muerte nos impide tratar los elementos en juego como partner (espacio, compañero, texto, objeto, etc.). La Muerte odia al partner. Tal es su carácter.

La Muerte se hace fuerte a tus espaldas. Más fuerte cuanto más la ignoras. Si notas que haces ruido al caminar y no le pones remedio de inmediato, vas a acabar ¡tropezando en un linóleo vacío! Un espectador se mueve o tose cuando preparas un gran silencio dramático, pero “tú a lo tuyo, ¡qué oportuno!, ¿no puede toser en su casa?”, entonces va a sacar un caramelo y al espectador de al lado le va a sonar el teléfono, adiós silencio. Y, sin embargo, si al oír la tos aflojas un poquito, respiras y esponjas imperceptiblemente la réplica, resulta que el silencio llega, casi en el momento exacto, aún precedido de una horrible tos que hacía temer lo peor. O si tienes que hablar sobre música y decides ignorarla para “asegurar” el texto, para que la música “no te despiste”, entonces seguro que tus pasajes más sutiles van a coincidir con los redobles de tambor y la música va a bajar hasta lo inaudible cuando emprendas tu crescendo. Por el contrario, y por poca “seguridad” que tengas en el texto, cuando sueltas un poco el control y escuchas la música, ¡qué coincidencia! (y eso que todavía no te habías parado a escuchar la pieza entera) pues resulta que acabáis los dos a la vez, como si estuviera hecho adrede, fluis en armonía, descubres en ella nuevos matices, y, por sorprendente que sea el cambio que propones, ella es capaz de adaptarse al instante y viajar contigo, talmente como si te escuchara, ¿cómo es eso posible? Es la música como partner. Al revés, sin embargo, es el infierno en la Tierra, ¿verdad? Es por culpa de la Muerte. La Muerte se hace fuerte con tus descuidos y con tus miedos. Porque la Muerte se instala precisamente allí donde no miras, donde no escuchas, donde no atiendes. Un momento de descuido, y pone una mano sobre tu hombro; dos momentos, y saca una silla para sentarse detrás de ti; tres momentos, pone un sillón y una lamparilla para leer el periódico durante tu actuación; cuatro momentos…cuatro momentos… estás perdido, ¡ya se te comió! La Muerte te puede comer.

Y por último, otra cualidad de la Muerte es su capacidad de aprender más rápido que tú. Y no sólo va a aprender más rápido, sino que va a incorporar incluso antes que tú todas tus nuevas habilidades. De ello se deduce que no importa cuanta más experiencia o aptitudes artísticas tengas, siempre vas a tener que enfrentarte a la Muerte. Es más, si tu cualidad más apreciada es la flexibilidad de tu cuerpo, la Muerte va a encantarte con eso como el flautista a la serpiente y vas a perder de vista todo lo demás. Tu actuación se volverá gimnástica, y con ello, la Muerte se hará un bonito loft en el Teatro Nacional. O si cantas como un ruiseñor, o tus emociones fluyen tan maravillosamente o si eres tan bueno sirviendo las réplicas a los compañeros, todas ellas, bellas cualidades, ¿verdad? Allí va a estar la Muerte para encandilarte y ahogarte en tus “virtudes”. La Muerte se hace fuerte también con tus cualidades. Por tanto, sólo puedes vencerla con un arma, que es la que todo lo suelta, la que a todo renuncia: a la Muerte sólo se la puede vencer con el partner.

septimosello

Bueno, ya sabemos con qué arma vencer a la Muerte. La vencemos integrándolo todo. Todo lo que somos capaces de percibir, sin enamorarnos de nada, tomando y soltando cada instante como un pájaro entre las manos. Y si, por descuido, nos encantamos, actuando cuanto antes. Porque el tiempo juega siempre a favor de la Muerte.

Así pues, la Muerte: tiene todas mis cualidades, se hace fuerte tanto con ellas como con mis descuidos y mis miedos, aprende más rápido, se ríe a mis espaldas, tiene mi peor cara, me puede comer, y sólo puede combatirse con el partner. Pero tiene un punto débil. Y esa debilidad está en su carácter. La Muerte odia al partner. La Muerte nunca va a querer ocupar su espacio, el espacio de la vida; y como el partner está dónde yo pongo mi atención, porque cambia y está siempre fuera de “mí”, la Muerte nunca va a estar allí dónde pongas tu atención. De hecho va a esfumarse ofendida, en cuanto te vuelvas a mirarla. Ella, sus muebles, su periódico, sus zapatillas de ir por casa, van a desvanecerse. Ese es su punto débil. La Muerte es cobarde y perezosa.

Conocer al enemigo ayuda, pero no basta para vencerlo. Esa es la batalla que vas a tener que librar, no importa lo experto que seas o cuán formado estés en este bonito oficio de la actuación. Día tras día, en el teatro, vas a tener que espantar a la Muerte

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