Actuación

Una primera lectura

By 6 junio 2014 No Comments

Hasta ahora hemos hablado de las líneas generales y conceptos que enmarcan nuestra manera de abordar la actuación. Hoy empezamos un nuevo capítulo que va a tratar de exponer una serie de ejercicios, juegos y técnicas que a lo largo de los años hemos practicado y que de algún modo sintonizan, articulan el marco teórico anterior. En general describiré ejercicios que, en base a nuestra experiencia, estimulen la relación con el material como partner (ahuyenten a La Muerte), sirvan para trabajar estructuras psicológicas y/o lúdicas -ya que ese es el marco que usamos habitualmente- y puedan ser también una herramienta de entrenamiento para cuando no estemos pisando escenario.

El primero de ellos es el que llamo “La primera lectura” [1] y está especialmente indicado para textos clásicos, complejos (en prosa o en verso) con una fuerte barrera formal a ese nivel, pero a la vez con estructuras psicológicas o tramas bien identificables. Es un primer contacto con el material, se practica de pie, con texto y lápiz en mano. Vamos a situarnos todos en círculo, y vamos a leer la pieza, todos los personajes y todas las réplicas sin repartir todavía, bajo una serie de premisas.

En primer lugar, sólo vamos a leer en el centro del círculo, aquello que comprendamos perfectamente, de un modo u otro (esa comprensión es intuitiva y a la vez exigente, tanto de sentido gramatical, como emocional). Sea como sea, para decir las palabras en voz alta, debo estar convencido de su significado (aunque, por supuesto, puedo equivocarme). Por ejemplo, la obra empieza con las palabras “Buenos días.” Leemos en silencio desde nuestra posición en el círculo. Leo y comprendo en silencio, y en ese impulso voy al centro del círculo y digo en voz alta y para todos “Buenos días”. Esa lectura en el centro no suele superar la extensión de una frase, a lo sumo, de un párrafo y puede ser tan pequeña como un “sí”, un “no” o un “¡ah!”.

Tengo que mantenerme simple, leyendo palabra a palabra, sin dar demasiada información de una vez y con la puntuación correcta, para que la comprensión de las partes sea lo más clara posible para todos los miembros de la compañía.

Fundamental es que debo hablar con la voluntad de comunicar el significado que he comprendido, manteniéndome conectado con ese sentido de principio a fin durante mi presencia en el centro del círculo. Tengo que cuidar mi energía: no puedo perderme ni dudar cuando releo en voz alta. Tengo que haber leído y comprendido fuera del círculo y sólo entonces entrar a leer para los demás.

Además, la comprensión primera no puede desvirtuarse por un filtro de juicio sobre lo percibido. Debo ser honesto con la primera impresión y salir a decirla en voz alta, de inmediato. Si dudo a medio camino, debo volver atrás, al círculo, y esperar a la próxima oportunidad.

Puede ocurrir también que más de uno diga la misma palabra en el mismo momento, coincidamos en el centro y resuenen sutiles matices de comprensión de la misma palabra o frase. La premisa es que el grupo debe continuar la lectura desde ese punto. Como grupo debemos seguir adelante. Sólo volvemos atrás si, por accidente, hablamos sin comprender, en cuyo caso debemos interrumpir de inmediato y salir del centro del círculo. Otro compañero retomará desde ese punto. Debemos ser honestos con el juego para que éste pueda desarrollarse lo mejor posible.

Y, por último, si una palabra o pasaje resulta opaco, incomprensible, misterioso para mí, aún incluso cuando alguien lo haya dicho ya en voz alta, debo señalar esa parte del texto, esa palabra o ese pasaje con lápiz antes de seguir adelante. Puede que se revelen pasajes que resulten opacos para todos los miembros de la compañía. Esos hallazgos son oro, ahí hay mucho trabajo por hacer.

Nos detendremos en el primer acto. Siempre más allá de la escena, describiendo un arco amplio. Ese es el primer estadio del juego.

Vamos a tomar unos momentos para organizarnos. Justo para ver de nuevo el texto del primer acto y rememorar los pasajes que hemos transitado. Es un momento en silencio, tranquilo pero sin entretenernos demasiado.

A continuación vamos a improvisar con nuestras propias palabras lo que “sentimos” o “recordamos” que ha ocurrido. Entre todos. Como grupo vamos a tratar de ser lo más precisos posible y a la vez tomar la responsabilidad de avanzar hacia donde percibimos que se dirige la obra. Tomaremos nota de ello inmediatamente al terminar. Todavía no hay personajes, protagonistas, papeles secundarios, dirección de escena, etc. Nada de eso, todavía. Cualquier miembro del grupo puede salir a mirar desde fuera, y entrar con un elemento nuevo de juego o añadirse a una situación ya generada para desarrollarla.

Ese trabajo puede llevarnos uno o dos ensayos, dependiendo de la dimensión de la obra y de su estructura. Porque es posible que la obra esté estructurada de un modo clásico, típicamente entre tres y cinco actos que después se proyectarán en un arco mayor. Sea como sea, vamos a leer, marcar los pasajes “misteriosos” e improvisar en grandes arcos, primero los actos y para finalizar, la pieza entera. Creo que una buena medida de referencia es trabajar dos actos por día.

Y el último día, vamos a tomar el tiempo de revisar la obra entera e improvisarla desde el principio. De la experiencia de ese “pase improvisado” por la obra, sobre los pies, vamos también a anotar nuestras impresiones. Queremos pasar por la obra en un arco amplio. Los detalles van a imprimirse sin peso, esos son los que habrán dejado una más profunda huella en nosotros. Que así sea. Puede que pasajes enteros se nos olviden o no seamos capaces más que de enunciarlos de un modo muy escueto. Vamos a tomar nota de ello. Sin más.

En mi opinión, esa información es valiosa para enfocar nuestro trabajo de puesta en escena ya que nos dibuja un mapa de la pieza desde la percepción más intuitiva. Quizás de algún modo similar a lo que va a percibir el espectador al ver nuestra obra por primera y probablemente única vez. Nuestro trabajo es el de arrojar luz en la oscuridad, y tratar con nuestro juego hacer aflorar los pasajes más profundos respetando su complejidad. Podemos usar esas primeras impresiones como guía. Después siempre puedo añadir niveles de lectura invirtiendo los pesos y densidades de cada parte, hablo ahora solamente de las primeras impresiones.

En mi opinión, esta manera de empezar el proceso es además un buen punto de partida para el análisis por la acción. Lo pongo en primer lugar porque me parece especialmente intuitivo y porque al crear una lectura palabra por palabra [2] verdaderamente colectiva y ecuánime, las conexiones que se generan en el material resultan, en mi opinión, especialmente interesantes.

Matizo también que es especialmente adecuado para obras con un nivel de lenguaje elevado o de estructura muy compleja. Si el espectador va a encontrar en la forma hablada una cierta “barrera de entrada”, creo que es mejor enfrentarse a ella cuanto antes. A nivel pedagógico, además, creo que los alumnos experimentan con este juego el placer por el lenguaje, cosa nada banal cuando les enfrentas por primera vez a un texto complejo. Creo que se debe a que pueden trasladar su comprensión más intuitiva a la acción, dando siempre esa impresión como válida (¡y valiosa!) y permitiendo estar presente en la exploración su propia manera de expresarse, como medio para irse acercando a la forma textual paso a paso, añadiendo progresivamente niveles de comprensión. Finalmente ese es el trabajo que el intérprete, que la compañía hace para acercar el texto al espectador. A ese primer nivel, fundamental, porque nuestra comprensión de lo que sucede es el cimiento de nuestra actuación, se le añade todo lo demás. El análisis por la acción, el trabajo de verso o la exploración de los juegos de las estructuras lúdicas, si los hay, etc.

Como algunos de los que leéis estas líneas habéis experimentado este trabajo, os invito y animo a explicar en los comentarios vuestra experiencia, impresiones o preguntas sobre éste y por supuesto, sobre cualquiera de los temas que vamos tratando. También os animo a proponer nuevos temas de trabajo; yo trataré de exponerlos con el máximo detalle.
 


[1] Lo practiqué por primera vez con el profesor Gabriel Gawin, en el Rose Bruford College de Londres, en un montaje de la obra Women beware women, escrita por Thomas Middleton en 1657 . De temáticas distintas, el periodo jacobino inglés, al que pertenece esta obra, emplearía un nivel de lenguaje y una forma versificada asimilables a Shakespeare o a los autores del Siglo de Oro español. Tomad ese resumen tan impreciso como simple referencia.
[2] También de un modo similar vi trabajar a Joan Ollé, en el Institut del Teatre de Barcelona, en un taller sobre El jardín de los cerezos, de Chéjov. En ese caso, sin embargo, los personajes sí se repartían aunque cambiábamos de rol hasta que nos eran asignados los roles definitivos. En ese caso, la lectura era sentados, más introspectiva, extremadamente conectada y sensible.

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